Alejandra Alemán y Niños en Alegría: 23 años cambiando destinos

Los resultados se cuentan en historias. “Los vimos crecer de primaria a universidad. Hoy hay contadores, maestros, abogados, dentistas, capitanes en la marina… Sembramos una semilla: con educación se puede”, afirma.

CDMX 141025- Retrato de Alejandra Alemán.
Fotografía @jds.mx

Hace más de dos décadas, una escena le dio la vuelta a la vida de Alejandra Alemán. Niños estudiando bajo una palapa, con piso de tierra y sentados en botes de basura. Fue una imagen muy triste y desalentadora.

De ese impacto nació Niños en Alegría, organización que hoy presume 38 escuelas rehabilitadas en Guerrero, maestros capacitados y cientos de niñas y niños que han vivido su primer campamento de verano. El arranque no fue sencillo. Permisos, certificaciones y una alianza formal con la Secretaría de Educación de Guerrero para intervenir escuelas oficiales.

“No había agua, ni luz, ni baños. Un maestro atendía a varios grados al mismo tiempo. Y sí, los ‘baños’ eran hoyos en la tierra”, dice. “Esa precariedad afectaba especialmente a las alumnas. Durante su periodo, muchas dejan de ir por pena o falta de higiene. Es una de las mayores causas de deserción”.

La fundación Niños en Alegría colocan la primera piedra de la escuela Justo Sierra en Acapulco.

La primera escuela llegó gracias a amigos y donantes que creyeron en el proyecto. Con el tiempo, la estructura de filantropía creció y, tras el huracán Otis en 2023, 18 planteles ya intervenidos se rehabilitaron de nuevo con el impulso del grupo Multiplicando Alegrías.

El modelo va más allá del ladrillo. Círculos de paz y apoyo estudiantil son el sello de la fundación. ¿Cómo funcionan? “La maestra pregunta cómo se sienten y los niños no pueden decir solo ‘bien’ o ‘mal’. Deben expresar sus emociones. Así detectamos situaciones de abuso, abandono o pobreza, y se actúa a tiempo. También genera una unión muy bonita en el grupo”, explica.

El otro programa es el campamento de verano para quienes concluyen sexto con buen promedio y habilidades de destrezas: cinco días en Morelos, San Luis Potosí o Valle de Bravo. Para muchos, es su primer viaje. “Lo que más nos dicen es que les encanta poder comer tres veces al día. Pueden ser niños sin preocuparse por nada”, comparte.

Los resultados se cuentan en historias. “Los vimos crecer de primaria a universidad. Hoy hay contadores, maestros, abogados, dentistas, capitanes en la marina… Sembramos una semilla: con educación se puede”, afirma.

Reconstruir un aula cuesta aproximadamente $250,000; una escuela completa (seis salones, baños, plaza y sala de maestros), alrededor de $4.5 millones. La razón, dice, es clara: “Construimos con normas sísmicas y contra fenómenos naturales. Queremos escuelas que duren generaciones”.

La fundaci—n Ni–os en Alegr’a colocan la primera piedra de la escuela Justo Sierra en Acapulco

Acapulco: memoria, identidad y gratitud


Aunque Alejandra Alemán nació en Ciudad de México, su corazón late en el puerto. “Me llevaron a Acapulco con un mes de nacida. Ahí viví la infancia más feliz: un lugar seguro, limpio, divertidísimo. Para mi generación fue el sitio de los primeros besos y la primera discoteca”, confiesa entre risas. La primera, por cierto, fue el mítico Baby’O: “A los 16, me daban permiso solo una hora, de 11:30 a 12:30. ¡Apenas empezaba la noche!”.

Acapulco también es anecdotario de estrellas: “Vi a Farrah Fawcett, a Sylvester Stallone… y, claro, a Luis Miguel. Lo considero mi amigo; me da gusto verlo disciplinado y feliz con Paloma: es un amor”.

La relación con el puerto trasciende la nostalgia. Tras el huracán Otis, la fundación regresó a campo con más fuerza; hoy invita a empresas y filántropos a sumarse con materiales y donativos. “Queremos que nuestras escuelas resistan el clima y el tiempo. Que se vuelvan orgullo de su comunidad”.

Una gala que es tradición y motor

Cada otoño, la Gala Niños en Alegría reúne a quienes creen que educar transforma. “Llevamos 23; yo digo que he organizado 23 bodas”, bromea. Este año, la temática será Big Band con dress code Great Gatsby y una noche pensada para celebrar, recaudar y mirar hacia adelante en el Hotel St. Regis.

Al final, Alejandra lo resume sin poses: “Devolverle a Acapulco algo de lo mucho que nos dio es mi manera de decir gracias. La educación cambia vidas; lo vemos cada día. Y vamos por más”.

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