Panamá, el destino con cielo, mar y alma

Por: JDS | Enviado

Viajar tiene algo de revelación. Nos abre los ojos a paisajes inesperados, nos enfrenta a sabores desconocidos y, sobre todo, nos recuerda que la belleza se encuentra donde menos la esperamos. La ciudad de Panamá nos recibió así, con un aire cálido, una sonrisa sincera y la promesa de mostrarnos un país pequeño en extensión, pero inmenso en experiencias.

Fotografía @jds.mx

Desde el primer día, la aventura nos llevó al corazón de su símbolo más universal: el Canal de Panamá. A bordo de un bote, navegamos por las aguas tranquilas del Lago Gatún, rodeados por un bosque tropical que parecía respirar al mismo ritmo que nosotros. Entre reflejos verdes y murmullos de la selva, vimos monos cruzando de rama en rama, garzas que se alzaban sobre el agua y cocodrilos sigilosos que observaban el movimiento de la embarcación. De pronto, el motor se apagó y el silencio se volvió absoluto. Sentimos la inmensidad del lugar y entendimos por qué este canal no solo une océanos, sino también historias, culturas y destinos.

En la antigua Zona del Canal, el tiempo parece haber detenido su marcha. Las casas con techos rojos y jardines impecables recuerdan la época en que esta franja de tierra era una pequeña réplica estadounidense en suelo panameño. En el Edificio de Administración del Canal, admiramos su arquitectura sobria y elegante antes de llegar al Centro de Visitantes de Miraflores, donde vimos el espectáculo del tránsito de los barcos. Desde la terraza, observamos cómo gigantes de acero se elevaban o descendían lentamente entre esclusas, con una precisión hipnótica. A cada maniobra, una ovación del público. A cada compuerta que se abría, un suspiro. Fue uno de esos momentos que uno sabe que recordará siempre.

A pocos minutos de esa maravilla natural, el Biomuseo, con su estructura multicolor diseñada por el arquitecto Frank Gehry, nos esperaba como una explosión de luz. Dentro, descubrimos cómo la aparición del istmo cambió el curso de la vida en el planeta: mares que se separaron, especies que evolucionaron y un puente natural que transformó continentes. Caminamos entre maquetas, fósiles y salas donde la ciencia se convierte en arte. Fue imposible no maravillarse ante la idea de que todo lo que mirábamos fuera el resultado de un accidente geológico que dio origen a un país que hoy conecta al mundo.

La ciudad cambia de ritmo en el Casco Viejo de Panamá, un barrio que respira historia en cada esquina. Nos recibió con fachadas restauradas, balcones llenos de flores y calles adoquinadas, una característica única que distingue al Casco Antiguo y le da ese encanto que contrasta con la modernidad de los rascacielos al fondo. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, esta región combina pasado y presente, elegancia y espontaneidad. Caminamos entre plazas, tiendas de diseño y cafés que perfuman el aire con pan recién horneado. Desde las terrazas, miramos cómo la bahía refleja los destellos de la ciudad moderna mientras el sol se disuelve en tonos dorados y rosados. Es el tipo de postal que solo se vive una vez, y que se queda para siempre.

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Pero el viaje también tenía reservado un encuentro con uno de los mayores tesoros del país: su café. Dentro de un hotel boutique del Casco Viejo de Panamá participamos en una cata de café Geisha panameño, originario de las tierras altas de Boquete, una variedad que ha alcanzado precios de hasta 650 dólares por taza debido a su exclusividad y pureza. El aroma era floral, con notas de miel y frutas tropicales; el sabor, delicado y envolvente. Cada sorbo nos llevó a esas montañas donde el café se cultiva con paciencia y orgullo. Aprendimos que no se trata solo de una bebida, es una historia líquida, una expresión de identidad nacional y un lujo que se disfruta sin prisa.

En contraste, en medio de esa mezcla de nostalgia y modernidad, The Point Panamá se erige como un símbolo del nuevo lujo urbano. Su vista panorámica hacia el océano y la Cinta Costera es simplemente espectacular. Desde ahí arriba, la ciudad parece flotar entre el agua y el cielo, y uno comprende por qué Panamá se ha convertido en un destino que fascina tanto a exploradores como a viajeros sofisticados.

Fotografía @jds.mx

Sin duda, Panamá nos conquistó por completo, incluyendo el paladar. En el restaurante Mai Mai, descubrimos una cocina que honra el origen local y lo eleva con técnica y creatividad. Cada plato fue una sorpresa: ceviches reinventados, mariscos frescos, texturas y aromas que dialogan entre tradición y vanguardia. El servicio impecable y el ambiente íntimo hicieron del lugar un cierre perfecto para la jornada.

Pero la noche aún guardaba un último capítulo. En La Cantina del Tigre, nos dejamos llevar por la energía panameña: música suave, risas, cocteles artesanales y esa sensación de que el viaje —como la vida— se disfruta más cuando se comparte.

Panamá no se visita, se siente. Entre su selva viva y su skyline vibrante, entre sus canales y sus calles coloniales, descubrimos un país que late al ritmo del agua y del café, de la historia y del presente. Al despedirnos, miramos una última vez la ciudad iluminada y entendimos que aquí, en este punto donde los océanos se encuentran, también confluyen las emociones.

Y mientras el avión despegaba, supimos que este viaje no solo nos había mostrado un destino, sino una forma distinta de mirar el mundo.

Fotografía @jds.mx

Ten en cuenta

El programa Panamá Stopover de Copa Airlines transforma lo que solía ser una simple escala en una experiencia de doble destino: permite a los viajeros hacer una parada de hasta 7 días en Panamá sin costo adicional en su boleto. La idea es que en lugar de transitar por el Aeropuerto Internacional de Tocumen, puedes explorar el país y vivirlo.

Al reservar tu vuelo por los canales oficiales de la aerolínea —sitio web, centros de llamadas, agencias de viaje— puedes incluir la parada en Panamá y disfrutar no solo del tránsito, sino de hospedaje, gastronomía y actividades con beneficios especiales. Buena comida, hoteles con tarifas preferenciales y experiencias turísticas se unen bajo este esquema que se convierte en una escapada memorable.

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