Julio Uribe es el ejemplo que México necesita

Julio Uribe rompe con la imagen clásica del ganadero distante y silencioso. Es joven, cercano, creativo y posee una facilidad natural para conectar con las personas. Desde su ganadería Torreón de Cañas, en Hidalgo, ha logrado tender un puente entre el mundo rural y las nuevas generaciones, llevando la tauromaquia y la vida del campo a espacios donde antes parecían ajenos, como las redes sociales.

Cuando habla del toro bravo, su expresión cambia. Para Julio Uribe, este animal representa mucho más que fuerza física. Simboliza historia, genética, respeto y una forma de vida que merece ser comprendida antes de ser juzgada.

“El toro de lidia es parte de la especie bovina, como el Angus o el Hereford, pero su diferencia está en la bravura. Son más de 500 años de selección para lograr animales nobles y valientes”, explica con convicción.

La crianza del toro bravo exige tiempo, paciencia y un trabajo colectivo. No basta con dejarlo crecer en libertad durante años; detrás hay vaqueros, veterinarios, nutriólogos y herreros que cuidan cada detalle para que el animal llegue al ruedo en plenitud.

“Cuando un toro pisa la plaza, lleva consigo el nombre y el honor de toda una ganadería. Su final es un acto solemne, frente a un público que reconoce su fuerza”, señala Julio Uribe. Para él, no se trata solo de un espectáculo, sino de un ritual que honra una tradición centenaria.

Consciente de que la tauromaquia genera debate, no esquiva el tema. “Maltrato animal es encerrar a un perro toda su vida o mantener a un ave enjaulada. El toro bravo vive libre, sin químicos ni hormonas. Y cuando muere, lo hace frente a miles de personas, no en un rastro oculto”, explica con firmeza.

Desde su visión, la fiesta brava atraviesa una de sus etapas más sólidas. La mejora genética, el uso de tecnología y la preparación física de los toreros han elevado el nivel de la tauromaquia como nunca antes.

“Sería una pena que esta tradición desapareciera justo ahora, cuando vive uno de sus mejores momentos”, afirma. “Los toreros actuales son atletas completos: disciplina, técnica y valor. Son, de alguna forma, los últimos héroes”.

Aunque lo dice entre risas —“sí, tienen un tornillo suelto”—, el respeto que siente por quienes se enfrentan al toro es absoluto. Él mismo ha tentado, pero prefiere mantenerse en su papel. “Yo me encargo de criar al toro y presentarlo como debe ser. Eso también es parte del arte”, asegura.

La pasión corre en familia. Su hermana, Estefanía Uribe, es rejoneadora y mantiene una relación casi intuitiva con sus caballos. Entre faenas, cabalgatas y música ranchera, Julio continúa sembrando algo más profundo que ganado: identidad, memoria y orgullo por lo mexicano.


Raíces profundas, mirada al futuro

Julio Uribe no se define únicamente como ganadero. Es empresario, impulsor del folclore, defensor del campo y un convencido de que la vida rural es el corazón del país. “Gracias a quienes trabajan la tierra tenemos alimento todos los días”, afirma.

Creció entre dos mundos: la ciudad y el campo. Por un lado, el ritmo acelerado y la tecnología; por el otro, la calma, la tierra y los cielos abiertos. Recuerda que de niño, cuando hablaba del rancho en la escuela, parecía contar historias irreales. Hoy ocurre lo contrario: son las comunidades rurales las que se sorprenden al ver cómo la innovación llega a sus manos.

Con la idea de compartir esa riqueza, creó Hacienda Zotoluca, un hotel boutique en Hidalgo que ofrece experiencias auténticas de vida rural. Allí, los visitantes aprenden a ordeñar, a preparar alimentos tradicionales, a montar a caballo y a reconectar con el origen de las cosas.

La hacienda, construida en el siglo XVI, estaba pensada originalmente como una inversión. Sin embargo, Julio Uribe se enamoró del lugar y decidió transformarlo en un proyecto con alma. Hoy es uno de sus mayores orgullos.

Cada detalle está diseñado para despertar los sentidos: el aroma de la leña, la cocina tradicional, los paseos en globo que parten desde el jardín. “Los niños se llevan una planta, una historia. Y eso cambia su forma de ver el campo”, comenta.

Aunque estudió Administración de Empresas en la Universidad Anáhuac Norte, reconoce que no fue un alumno ejemplar. Sin embargo, su creatividad lo llevó a convertir su tesis en un negocio: una tienda de sombreros, herencia familiar. “Mi papá, mi abuelo y mi bisabuelo usaban sombrero. Es parte de lo que somos”, dice.

Hoy, Julio Uribe mantiene una colaboración exclusiva con Stetson, la marca más emblemática del mundo. “Lo mejor es que el sombrero ya no es solo del rancho. También se usa en la ciudad, y eso me llena de orgullo”.


Ídolos que inspiran

Más allá del estilo o los negocios, Julio Uribe tiene claro el mensaje que quiere transmitir: la importancia de recuperar valores e identidad. No solo a través de la música —de Jorge Negrete a Luis Miguel—, sino desde lo más profundo de la cultura mexicana.

“Necesitamos referentes distintos. No podemos seguir idealizando lo incorrecto. México necesita ejemplos de trabajo, esfuerzo y amor por el país”, afirma.

Para él, su labor va más allá de criar toros o recibir visitantes. Se trata de sembrar conciencia, de recordar que lo esencial está en lo simple. De demostrar que aún es posible vivir con raíces firmes y visión clara.

Porque si algo define a Julio Uribe es su amor por México, por sus tradiciones y por su gente. Y la convicción de que todavía estamos a tiempo —si hay voluntad— de reconectar con aquello que realmente importa.

No te pierdas la entrevista exclusiva con Julio Uribe, donde comparte su visión sobre la tauromaquia, el campo mexicano y las historias que dan sentido a su pasión.

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