
Un homenaje a la mujer que institucionalizó la cultura y el cuidado en México
En una velada donde la música y la memoria fueron los hilos conductores, la familia, López Portillo Romano celebró el centenario del nacimiento de Doña Carmen Romano, figura clave en la historia institucional y cultural del México contemporáneo. El evento, marcado por la solemnidad y el agradecimiento, sirvió de marco para recordar a la mujer que transformó la figura de la Primera Magistratura social en una plataforma de acción profunda y duradera.
El momento cumbre del homenaje fue la participación de su hija, Carmen Beatriz López Portillo Romano, quien pronunció un discurso que despojó a su madre de los simples títulos oficiales para revelarla como una estratega de la sensibilidad. El evento contó también con la presencia de su hijo, Rafael Tovar López Portillo, quien recientemente asumió la rectoría de la Universidad del Claustro de Sor Juana, continuando con el legado educativo de la familia.
“Mi madre pertenece a esa estirpe de mujeres que entienden que el verdadero legado no consiste en el brillo inmediato, sino en la permanencia de una labor que hace del mundo un lugar mejor”, expresó una conmovida Carmen Beatriz.
El legado institucional: 50 años del DIF
Durante el evento, se destacó la dimensión histórica de la labor de Carmen Romano, quien a través de la creación del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) —que el próximo año cumple sus primeros 50 años—, logró que el bienestar social se convirtiera en una política de Estado estructural. Para Romano, el cuidado de la infancia no era un acto de asistencia, sino un fundamento para el desarrollo nacional.
Cultura como derecho social
Como pianista de formación, Carmen Romano entendía la música como una herramienta de libertad. El homenaje recordó cómo su visión democratizó las artes, sembrando escuelas de música, museos y bibliotecas en todo el país. “La cultura no fue un adorno del poder, sino un derecho social”, subrayó su hija, recordando las orquestas que hoy son patrimonio vivo de México.
Una rosa para defender la libertad
El cierre de la ceremonia fue una mirada íntima a la mujer que amaba el “verde absoluto de sus ojos” y la verdad como estructura de vida. El homenaje concluyó con un concierto de gala a cargo de Guadalupe Parrondo y el Cuarteto del INBAL, cuyas notas rindieron el tributo final a una mujer que supo “afinar los procesos del tiempo” para el bien de una nación.

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